Vía-crucis
Proyecto
Técnica
Maderas intervenidas, ponchos escritos, fotografía digital y video
Dimensiones
Variables
Año
2023-2025
Técnica
Fotografía
Dimensiones
60 x 90 cm c/u
Año
2023-2024
Proyecto
Este es un viacrucis singular. Cada Viernes Santo, en Labranzagrande, Boyacá, las catorce estaciones que componen la procesión se extienden por caminos que conducen a las veredas más alejadas del municipio. El desplazamiento de la liturgia hacia los márgenes del pueblo fue transformando, con el paso de los años, el sentido del rito: modificó el recorrido, el paisaje, e incorporó el esfuerzo físico de algunos fieles que cargan sobre sus hombros una cruz de madera maciza de casi dos metros de largo, gesto que se volvió parte esencial del ejercicio devocional.
A partir de este acto litúrgico, entendido también como camino de la cruz, Haidar Ali desarrolla una investigación centrada en la cruz como objeto simbólico y material. Aparecen entonces los registros de las procesiones, cuerpos en movimiento que transitan largos caminos orando e interiorizando la pasión y muerte de Cristo. Al día siguiente, en la madrugada, tiene lugar a la hora santa, instante en el que las personas permanecen en vigilia ante la ausencia y muerte de Jesús, un momento casi místico, a la luz de las velas y en la penumbra de la iglesia, del cual surgen las imágenes fantasmagóricas que, junto a los videos de la procesión, marcan el punto de partida de la investigación.
Inmerso en archivos históricos y producto de una casualidad, Haidar da con la narración del ingeniero francés Jorge Brisson, gracias al cual llega al palo de cruz o cruceto (Brownea ariza), árbol nativo de Suramérica que, sin importar la forma en que se corte, “aparece en el interior, en el corazón, la figura de una cruz”.
A este árbol, al que también se le atribuye la capacidad de detener hemorragias, pertenecen las maderas que el artista transforma en cruces o figuras de vestir. En sus puntas se advierten sutiles cruces rojas, señales del corazón del tronco, casi como si también quisiera evocar en sus fibras el sacrificio de Cristo.
Sobre las cruces cuelgan ponchos, prenda característica de las y los labranceros que se regalan durante las ferias y fiestas del pueblo. Estos son convertidos en superficies de escritura, donde el artista plasma, casi de manera ilegible, recuerdos y relatos de feligreses recogidos en torno al viacrucis. Los ponchos, suspendidos sobre las cruces, adquieren el peso de los cuerpos ausentes y el carácter de archivo ilegible, en los cuales se inscribe una memoria colectiva y las tradiciones litúrgicas de todo un territorio.
Valentina Puerto